Treinta años del AF Cigar Club y una familia que sigue creciendo
30 Octubre 2026 Affe Gutierrez 16
Una memoria personal sobre Ciro Cascella, Carlito Fuente y el legado humano detrás de una gran marca
Por Affe Gutiérrez
Santo Domingo. - La noche de mi graduación del colegio, en 1996, fumé mi primer cigarro. Fue un Arturo Fuente «Cañones» maduro, de los que mi papá mandaba a buscar a Miami y que todavía hoy sigue fumando. Hay recuerdos que permanecen unidos a un aroma, a una voz o a la imagen de alguien querido. En mi caso, aquella noche quedó vinculada a una marca que me ha acompañado durante treinta años y que, con el tiempo, terminó significando mucho más que una preferencia.
Desde entonces, Arturo Fuente fue mi primera elección. Pasaron veinte años antes de que probara otra marca, cuando empecé a visitar a Fernando Charrón en un negocio de cigarros que regenteaba. Esa fidelidad comenzó de manera espontánea. Yo no conocía la historia de los Fuente ni imaginaba cuánto llegaría a apreciar a las personas detrás de aquellas cajas.
Los nombres que guarda la memoria
Mientras estudiaba Ingeniería en Sistemas en la Universidad APEC, mi amigo James Logroño que sabía que me gustaba fumar, me llevó al Hotel Lina, al frente de la universidad, para conocer a su tía y Cigarro Café. Allí encontré a una señora de trato exquisito, Gladys Abreu, madre de José Rijo, nuestro inmortal del béisbol, a quien cariñosamente llamamos Chago. Con él conservo una amistad desde aquellos años y después supe que también era amigo de mi padre. Santo Domingo siempre ha tenido esa manera de acercarnos a personas con las que ya compartíamos una historia sin saberlo.
Gladys, que se nos fue demasiado pronto, forma parte de mis mejores recuerdos de aquella etapa. En los descansos de la universidad y en mis visitas al lugar, compartía con ella el tiempo de un cigarro, una piña colada y una conversación. La memoria conserva con especial cariño a quienes nos recibieron bien sin exigirnos nada a cambio.
Por allí conocí a personas cuya relevancia entonces no alcanzaba a comprender del todo. Creo haber coincidido con Don Carlos Fuente; no quisiera convertir una impresión lejana en una certeza. Sí recuerdo a Carlito Fuente, a Carlos Slim y a don Freddy Beras Goico. Con los años uno descubre el valor de encuentros que, en su momento, parecían parte de una tarde cualquiera.
Fue Carlito quien me sugirió visitar el Arturo Fuente Cigar Club, cuya existencia yo desconocía. Uno de aquellos días no había «Cañones» maduro y terminé haciendo la visita. La sitúo en la última semana de mayo de 1997, durante los primeros tiempos de un proyecto nacido en 1996. No recuerdo si conocí a Ciro Cascella ese mismo día o en una segunda ocasión. Lo que recuerdo perfectamente es cómo me trató.
Ciro y la grandeza de seguir siendo el mismo
Desde aquel primer encuentro hasta hoy, Ciro ha sido conmigo el mismo ser atento, servicial, sensible, solidario y de trato exquisito. Treinta años permiten distinguir la cortesía de ocasión de una manera de ser. He visto crecer sus responsabilidades, sus proyectos y su influencia, y sigo encontrando en él aquella disposición cercana que conocí en mi juventud.
El AF Cigar Club tenía entonces pequeños salones de reunión donde nos sentábamos a conversar y fumar. Allí conocí a Aníbal Fernández, de David Crockett, y a Luigi, su buen e inseparable amigo de aquella época, cuyo apellido ahora se me escapa. Más adelante supe que Aníbal estaba casado con Maricarmen, hermana de José David Vieites, parte de aquella juventud con la que nos reuníamos en la farmacia Carol de la Gustavo Mejía Ricart. También recuerdo a Juli y Geovanny, a quienes siempre apoyamos mientras estuvieron allí. Esos nombres forman parte de mi historia del club, una historia hecha de encuentros y afectos.
Al observar lo que Ciro ha construido, encuentro una coincidencia simpática en su nombre. Me hace pensar en Ciro el Grande y en esa determinación que asociamos con los grandes constructores. La comparación, naturalmente, pertenece al terreno del afecto. En el caso de nuestro Ciro, su obra se reconoce en un espacio que creció sin perder el cuidado por las personas y en la confianza que ha sabido ganarse.
Sería injusto hablar de esa experiencia sin mencionar a mi querido amigo Sergio Mourelle, uno de los mejores activos del Cigar Club. La calidad de un lugar también se mide por quienes lo atienden, resuelven sus dificultades y hacen sentir a sus visitantes que vale la pena regresar. Sergio merece estar en esta historia por derecho propio.
Gracias a Dios he podido recorrer buena parte del mundo. En mis viajes suelo visitar los cigar lounges de las ciudades que conozco. Lo digo desde mi experiencia, sin pretender imponerle mi gusto a nadie, todavía no he encontrado uno como el Arturo Fuente Cigar Club. Hay lugares hermosos y otros con excelentes selecciones. Aquí encuentro, además, una familiaridad que el tiempo ha hecho irreemplazable.
Carlito y el rostro de una tradición
La dupla de Ciro y Carlito ha sido extraordinaria. En ellos se encuentran capacidades que se complementan y una relación de confianza que se percibe en lo que han construido. La gestión, la creatividad, el servicio y el respeto por la historia familiar tienen una expresión concreta en la empresa y en el club.
A Carlito lo considero el gran anfitrión de la industria tabacalera, su socialité en el sentido más humano de la palabra. Mi impresión, después de tantos encuentros, es que muchos aficionados podrían cruzarse con los propietarios de distintas marcas sin reconocerlos. Carlito tiene una presencia difícil de confundir. Su personalidad acompaña al nombre Fuente y acerca la historia de la familia a quienes disfrutan sus cigarros.
Ese reconocimiento tiene mucho que ver con su carisma, pero quienes lo conocemos apreciamos también su humildad, su sencillez y la forma en que expresa afecto. En él hay entusiasmo por lo que hace y orgullo por quienes lo hicieron antes. Habla de su familia, del tabaco y de República Dominicana con una cercanía que convierte la conversación en algo personal.
La historia empresarial ayuda a comprender esa intensidad. Los Fuente tuvieron que levantarse después de incendios y pérdidas que amenazaron su continuidad. Desde la destrucción de la fábrica de Tampa en 1924 hasta las dificultades de sus operaciones centroamericanas, la perseverancia fue una necesidad cotidiana. La instalación en Santiago en 1980 abrió una etapa decisiva. Años después, OpusX demostraría hasta dónde podían llegar la convicción de Carlito y las posibilidades del tabaco dominicano.
El lugar donde el cariño se vuelve oportunidad
Quienes conocemos de cerca a Cirito y a Carlito sabemos que su sensibilidad tiene una expresión especialmente valiosa en Bonao. La Cigar Family Charitable Foundation, creada en 2001 por las familias Fuente y Newman, ha desarrollado una obra que merece ocupar un lugar central cuando se habla de su legado.
Allí hay educación, atención sanitaria, deporte y oportunidades de formación para niños, jóvenes y familias. El Centro de Formación Integral Cigar Family ha preparado bachilleres técnicos en enfermería y en soporte de redes y sistemas informáticos. Son conocimientos que permiten a los jóvenes imaginar y construir su propio camino.
La educación artística también encontró espacio. En diciembre de 2024 se inauguró la Academia de Artes Cigar Family, con apoyo de Hublot, integrada por instalaciones para música, artes y danza, además de un anfiteatro. Su Escuela de Música Arturo Sandoval reconoce el vínculo del músico con esta obra. Me parece profundamente significativo que, junto a la formación académica y técnica, exista un lugar para descubrir una vocación artística.
A veces el éxito empresarial se cuenta mediante edificios, cifras y reconocimientos. Yo quisiera que también se contara a través de esos estudiantes. Una oportunidad de aprender puede cambiar las decisiones de una persona y, con ellas, la historia de su familia. Esa es una dimensión del legado Fuente que merece tanta atención como sus cigarros más reconocidos.
Una marca que lleva nuestro país consigo
Quienes hemos visitado Chateau de la Fuente conocemos la singularidad de aquel lugar. Y quienes hemos recorrido la fábrica en la Zona Franca de Santiago entendemos la comparación que hago, desde el asombro, con un Disneyland del tabaco. La historia, la decoración y el cuidado de los espacios despiertan curiosidad a cada paso. Pero lo que más valor le da a la experiencia es encontrar allí una fábrica viva y a las personas que sostienen su calidad.
Detrás de cada producto hay manos, experiencia, paciencia y familias que dependen de ese trabajo. La manufactura y la exportación de Arturo Fuente forman parte de una actividad que genera empleo e ingresos para República Dominicana. Su prestigio también contribuye a que nuestro país sea reconocido por la calidad de lo que produce.
Por eso hablo de Arturo Fuente como una expresión de marca país. Lo digo por su aporte a nuestra imagen, sin atribuirle una designación oficial. La empresa nació en Estados Unidos, tiene raíces familiares cubanas y encontró en República Dominicana una parte decisiva de su desarrollo. Esa historia compartida ha dado lugar a productos que llevan el trabajo dominicano ante consumidores de distintas partes del mundo.
El tabaco, además, pertenece a una memoria americana que en nuestra isla nos remite a los taínos y a sus prácticas comunitarias y espirituales. La industria moderna se ha transformado a lo largo de los siglos, pero la hoja sigue ofreciendo un vínculo con esa historia. Apreciar ese recorrido también implica reconocer a quienes hoy la cultivan y trabajan.
El aguacero y la fidelidad
La quinta edición de La Gran Fumada, celebrada el pasado miércoles, dejó una imagen que me parece apropiada para estos treinta años del club. Cayó un fuerte aguacero y el encuentro se llenó. Fue un éxito total. La gente respondió con esa lealtad que se construye visita tras visita, conversación tras conversación, durante mucho tiempo.
Allí encuentro una medida de lo que Ciro y Carlito han logrado. Han sabido reunir a personas que desean volver, compartir y acompañarlos. La Gran Fumada expresa esa comunidad que fue creciendo alrededor de una marca y que hoy forma parte de la vida del club.
Quiero felicitar a Ciro por estos treinta años del Arturo Fuente Cigar Club, a Carlito por continuar y engrandecer la obra familiar, y a Sergio y a todo el equipo por sostener una experiencia que tantos apreciamos. Felicito también a las familias Fuente y Newman por la esperanza que han sembrado en Bonao.
Yo llegué a esta historia con un «Cañones» maduro la noche de mi graduación. Mi papá todavía los fuma. Treinta años después, al mirar lo vivido, descubro que mi fidelidad guarda también los nombres de quienes me han acompañado. Entre ellos están Ciro y Carlito, dos hombres a los que el crecimiento de sus proyectos no les ha impedido conservar algo que valoro profundamente, la capacidad de recibir a un amigo con el mismo cariño de siempre.
El autor es Piloto, Abogado, Comunicador y Magister en Defensa y Seguridad Nacional.
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