"¡Salgan inmediatamente!". El problema no radica en la intención de proteger, sino en convertir una respuesta compleja en una regla absoluta.
Durante décadas, los europeos delegaron su seguridad fronteriza a acuerdos externos y a la burocracia de Bruselas, asumiendo que el espacio Schengen sería un jardín eterno de libre circulación.
En Santo Domingo existe un lugar donde esa relación entre ciudad y mar se manifiesta con una fuerza singular.