El informe de la ONU sobre municiones dominicanas en poder de bandas haitianas expone posibles vulnerabilidades en el control de nuestros arsenales y plantea una inquietante contradicción. Mientras reforzamos la frontera para contener la amenaza criminal, debemos investigar si desde nuestras propias instituciones se están filtrando los recursos que podrían fortalecerla.
Cuando una nación pierde la capacidad de producir sus alimentos, comienza a entregar una parte de su seguridad nacional. La historia de Haití, la confesión de Bill Clinton y la apertura comercial dominicana obligan a preguntarnos si estamos defendiendo un tratado o comprometiendo nuestro futuro.
Al menos 44 fallecidos desde el relevo policial, 53,877 órdenes de arresto pendientes y una sociedad que comienza a celebrar la muerte plantean una pregunta mucho más grave que quién disparó primero: ¿estamos combatiendo la delincuencia o administrando las consecuencias de décadas de fracaso preventivo?