Retos de Latinoamérica rumbo a la COP31: Financiación, transición energética y Amazonía
La financiación para adaptarse al cambio climático, la transición energética y la protección de los bosquesamazónicos marcarán las prioridades de Latinoamérica en la COP31, que se celebrará en Antalya (Turquía), una región que combina avances ambientales con una fuerte dependencia de los combustibles fósiles.
La cumbre del clima de Belém (Brasil), celebrada en noviembre de 2025, concluyó con un acuerdo para movilizar 300,000 millones de dólares anuales para los países en desarrollo hasta 2035, dentro de una meta más amplia de 1,3 billones de dólares, mientras que el anfitrión impulsó el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), para captar 125,000 millones para conservar las selvas tropicales.
Adaptación y financiación
La financiación para afrontar los efectos del cambio climático es una de las principales prioridades de la región. Centroamérica y el Caribe, especialmente expuestos a sequías, inundaciones y huracanes, necesitan más fondos para reforzar sus infraestructuras y proteger a las comunidades vulnerables.
Guatemala contó este año con dos millones de dólares para su fondo nacional de cambio climático y mantiene incentivos forestales que, según el Gobierno, han permitido recuperar más de 20,000 hectáreas de bosques. Honduras, uno de los países más vulnerables de la región, reclama mayores recursos. La prolongada sequía de este año por el fenómeno de El Niño llevó a declarar la alerta roja en gran parte de sus municipios.
República Dominicana impulsa una plataforma nacional de financiación climática y cuenta con préstamos internacionales superiores a 600 millones de dólares para proyectos de acción climática, saneamiento y resiliencia de infraestructuras, además de inversiones de más de 250 millones para restaurar ecosistemas.
Perú buscará ampliar la cooperación y el acceso a recursos para afrontar fenómenos como El Niño, las lluvias intensas y las sequías, y realizó la primera transferencia latinoamericana de resultados de mitigación a Suiza, en el marco del Acuerdo de París.
Transición energética
La transformación de las matrices energéticas sigue marcada por una contradicción, ya que varios países buscan reducir sus emisiones mientras mantienen una fuerte dependencia económica del petróleo y el gas.
Brasil combina una matriz energética en la que el 88,2 %procede de fuentes hidroeléctricas, eólicas y solares con la expansión de su producción petrolera. El Gobierno también busca cuadruplicar la producción de biocombustibles hasta 2035.
En México, el Ejecutivo pretende elevar del 23,4 % registrado en 2024 al 38 % en 2030 la participación de energías limpias en la generación eléctrica, pero también apuesta por fortalecer la petrolera Pemex, ampliar la refinación y mantener el gas natural como fuente estratégica.
Argentina combina el desarrollo de Vaca Muerta, una de las mayores reservas mundiales de hidrocarburos no convencionales, con el avance de las energías renovables, que ya representan alrededor de una cuarta parte de su generación eléctrica, y de proyectos de litio y cobre.
Guyana, convertida en un importante productor petrolero, aspira a que el 80 % de su red eléctrica proceda de fuentes renovables en 2040, mientras desarrolla un proyecto para utilizar gas natural en la generación eléctrica.

