La República de los Generales: Crónica de una Jerarquía Inflada
En República Dominicana la palabra general dejó de ser un rango para convertirse en una muletilla. Un título de tarjeta de presentación. Un perfume de poder viejo. El país carga hoy con más generales que batallones, más insignias que méritos y más ascensos que victorias, hasta el punto de que parecería que producir generales es una industria nacional, quizá más rentable que producir soldados.
Las declaraciones recientes del Ministro de Defensa, Teniente General Carlos Fernández Onofre, E.R.D., quien reconoció reciente y públicamente la necesidad de reducir el número de generales para ajustarse a la ley, no son una novedad: son un eco tardío de una verdad que hemos dejado pudrir durante décadas.
La ley dijo una cosa, el poder hizo otra
La Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas (No. 139-13) es clara: la estructura militar debe responder a una fuerza autorizada y a una carrera militar ordenada, basada en mérito, necesidad operativa y escalafón racional. No es un club social, ni un premio de jubilación adelantada, ni un símbolo de poder heredado por relaciones políticas o vínculos de lealtad personal.
La propia ley establece la clasificación de los oficiales, limita los rangos y define que el título de general está reservado a formación, trayectoria y función estratégica. No todo oficial puede ni debe ser general. Pero en la práctica, el país ha convertido los ascensos en una ceremonia burocrática: se asciende por compromiso, por historial, por gestión, por amistades. El generalato se ha vuelto una medalla entregada por tiempo de vida y no por efectividad de servicio.
Lo mismo ocurre en la Policía Nacional
La Ley Orgánica de la Policía Nacional (No. 590-16) también declara que la institución debe ser profesional, jerarquizada y disciplinada, donde los ascensos respondan a mérito, evaluación de desempeño y necesidad funcional, no a deseos de equilibrio político ni al “premio” de los años acumulados.
La ley ordena una carrera policial, no una carrera de ascensos.Sin embargo, la pirámide de la Policía imita el mismo absurdo militar: un exceso de oficiales superiores, rangos sin cuerpo operativo bajo mando, y ascensos que responden más al tablero político que al organigrama institucional.El resultado es una fuerza uniformada que luce poderosa en la charretera, pero débil en la calle.
Un país con más generales que guerras
República Dominicana no está en guerra. No está movilizando tropas en defensa nacional, no está ejecutando misiones que ameriten una cúpula inflada. Sin embargo, la estructura militar se comporta como si administrara un imperio, General para batallón sin soldados, General para oficina sin tropas, General para dirigir reuniones donde nada se manda. La pirámide se convirtió en torre: alta, pesada, inútil.
Y mientras tanto, la nueva generación espera… afuera
Cada general innecesario es una puerta cerrada para un joven cadete, cada ascenso sin función es una carrera truncada para las nuevas generaciones que vienen detrás. Cada rango político es una bofetada al principio más sagrado de todo uniforme: la meritocracia.
Se está hipotecando el futuro militar y policial del país en nombre de un pasado que no quiere soltar los privilegios.
Un general sin tropa es un poema triste
Un uniforme lleno de insignias sin hombres a cargo es una metáfora irónica de nuestra burocracia: rimbombante, ornamentada, vacía. Es el símbolo perfecto del poder sin función, del rango sin misión, del ego sin historia. Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional no necesitan más generales, necesitan menos, pero mejores, bien formados, útiles, operativos, LEEGÍTIMOS.
El ministro habló… ahora falta actuar
Reconocer el problema no es suficiente, la ley existe, la estructura está definida, la tabla de organización institucional, TOE, (nunca se ha usado) ya está escrita, la violación es evidente, solo falta voluntad t la voluntad no se decreta: se ejerce.
Ejecución
La República Dominicana no puede seguir siendo el país donde sobran generales y faltan soldados. Donde los rangos se inflan y las filas se vacían. Donde el poder se honra sin trabajo y la disciplina se exige sin ejemplo.
Reformar la cúpula militar y policial no es un capricho administrativo.Es una necesidad de Estado.Es una cuestión de dignidad institucional.Es un acto de respeto hacia quienes todavía creen en el honor del uniforme, y no en el brillo hueco de la charretera.Porque una institución sin orden no defiende a una nación.
Por:Por: Affe Gutiérrez, Abogado y Comunicador.

