La paz del martillo
Por: José M. Santana
El lenguaje del poder posee una cualidad hipnótica, casi narcótica. Es capaz de envolver la crueldad más descarnada en el celofán de la paz y la libertad, mientras por debajo corre el frío metal de la coacción. Recientemente ha visto la luz la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de 2025, un documento que, despojado de su retórica burocrática, funciona como una radiografía de una patología imperial en su etapa más crítica. No estamos ante una simple declaración de intenciones, sino ante un manifiesto que abraza "Principios de la Mafia": la desobediencia no será tolerada y la hegemonía se mantendrá no por consenso, sino mediante la capacidad de infligir costos inaceptables a cualquiera que se atreva mirar de frente a la supremacía hegemónica.
Para América Latina, el panorama es de una regresión asfixiante bajo la resucitada Doctrina Monroe. El ahora llamado Corolario Trump trata a las naciones al sur del Río Bravo no como socios soberanos, sino como piezas de una propiedad inmobiliaria. Bajo esta lógica, la soberanía es una concesión condicional: existe solo si se alinea con los intereses de Washington.
El ejemplo más brutal de esta política ocurrió el 3 de enero de 2026 en Venezuela. La captura de Nicolás Maduro fue presentada al mundo como un acto de justicia contra el narcoterrorismo. Maduro, cuya deriva dictatoria, inepta, autoritaria y de control asfixiante de las instituciones son una realidad dolorosa para su pueblo, se convirtió en el pretexto perfecto para un retorno al saqueo colonial directo. La promesa de que las petroleras estadounidenses entrarían a administrar los recursos venezolanos revela la verdadera esencia de la misión: el control de las mayores reservas de crudo del mundo.
Mientras el discurso oficial ataca un supuesto “socialismo”, el estado estadounidense practica un capitalismo de estado de una voracidad insaciable
Sin embargo, la arquitectura de esta mentira ha comenzado a desmoronarse con una rapidez que asusta. En un giro casi cinematográfico, el propio Departamento de Justicia de los Estados Unidos ha tenido que retirar la afirmación de que el "Cartel de los Soles" es una organización real. Tras décadas de usar este término para inflamar los titulares, admiten ahora que no pueden probar su existencia como un grupo jerárquico, de manera casi idéntica a como no se puede probar que ANTIFA sea una organización real y estructura. Es la farsa total: se bombardea una nación y se secuestra a un dictador —por muy repudiable que sea su gestión— basándose en un fantasma fabricado para dar un barniz de legalidad a la piratería estatal. Al despojar a la intervención de su máscara, queda el rostro desnudo del poder: la desobediencia se castiga con la decapitación política, incluso si hay que inventar carteles para justificar el hacha.
Mientras el discurso oficial ataca un supuesto “socialismo”, el estado estadounidense practica un capitalismo de estado de una voracidad insaciable. El sistema de defensa Cúpula Dorada, con un costo estimado de 500,000 millones de dólares, es el ejemplo paradigmático: una transferencia masiva de riqueza pública hacia las arcas de contratistas privados como Lockheed Martin y SpaceX.
Desde una perspectiva estratégica, este proyecto es una trampa mortal. No es un escudo defensivo; es una herramienta de agresión. Al intentar neutralizar la capacidad de represalia de los demás, Estados Unidos busca la capacidad de lanzar un ataque nuclear con impunidad. Esta ruptura de la disuasión mutua garantiza una carrera armamentista frenética en el espacio, obligando a potencias como China y Rusia a desarrollar armas hipersónicas para perforar esa supuesta invulnerabilidad. La seguridad que promete es un espejismo; el peligro que genera es un riesgo existencial para toda la especie.
La elección ante nosotros no podría ser más nítida ni más trágica: o aceptamos una hegemonía basada en la fabricación de mentiras y el miedo nuclear, o luchamos por una supervivencia basada en la cooperación y el respeto a la vida
En Europa, la máscara de la alianza se ha caído para revelar un esquema de protección mafioso. El Compromiso de La Haya, que exige que los aliados europeos destinen el 5% de su PIB a gasto militar, es una sentencia de muerte para el contrato social de posguerra. El impacto es, literalmente, devastador:
- Alemania: Debería triplicar su gasto anual, sumando 148,000 millones de dólares adicionales, lo que vaciaría las arcas de su sistema de bienestar.
- Francia: El aumento de 90,000 millones de dólares garantiza una era de austeridad severa y fractura social.
- Reino Unido: La meta de 160,000 millones de dólares representa el acta de defunción de su sistema de salud pública (NHS).
Washington busca que Europa no solo compre sus armas para subsidiar su industria, sino que elimine cualquier alternativa de capitalismo social que pueda avergonzar al modelo de precariedad estadounidense. Es la disciplina atlántica: o se militarizan, o se quedan solos ante un tablero que Washington y Moscú ya negocian por encima de sus cabezas.
Quizás lo más aterrador de ese documento es su rechazo frontal a la realidad biológica del planeta. Al calificar la transición energética como una ideología desastrosa y priorizar la Dominación Energética mediante combustibles fósiles, la administración ha decidido acelerar el salto hacia el abismo. En un momento en que el clima exige una tregua, el imperio elige rociar el incendio con gasolina por una simple razón de poder geopolítico: usar la energía como arma para someter a aliados y enemigos.
Es la lógica del suicidio colectivo. Se prioriza el lucro de los sectores petroleros y el control estratégico sobre la supervivencia organizada de la sociedad humana. La paz que ofrece la ESN 2025 es la paz de los cementerios en Gaza, la paz de los bombardeos en el Caribe y la paz del fuerte sobre el débil.
La elección ante nosotros no podría ser más nítida ni más trágica: o aceptamos una hegemonía basada en la fabricación de mentiras y el miedo nuclear, o luchamos por una supervivencia basada en la cooperación y el respeto a la vida. El tiempo, como el clima, se nos agota.

