La familia perremeista
24 Agosto 2020 Julio Gutiérrez Heredia, CPA 991
En un artículo publicado en este mismo medio de comunicación, fechado el día siete de agosto, en el último párrafo, advertí a las nuevas autoridades “el contagio del virus” del nepotismo, por considerarlo la puerta de entrada del flagelo de la corrupción. Desde la tiranía de Trujillo, los dominicanos empezamos a mortificarnos por grupos y clanes enquistados en el poder, con patentes para realizar bellaquerías de mal gusto que en la práctica afectaban a la mayoría de la población dominicana.
En los gobiernos sucesivos a la “Era de Trujillo”, el nepotismo se fue entronizando en las altas esferas del Poder, sin importar el tipo de gobierno de turno. No necesariamente, el nepotismo se enfoca en las prebendas a favor de familiares y amigos; también, se incuba en grupos políticos (tendencias), económicos, financieros, profesiones afines y asociaciones de comercios e industrias.
En los gobiernos del pelede estas manifestaciones de grupos de Poder, generaron disgustos en la población, en el sentido de observar cómo determinados apellidos o clanes familiares mostraban un auge económico inusual; que su posicionamiento, provocaba malestar en entre las personas que consideraban poseían méritos para participar en las oportunidades que ofrece el Sector Publico.
En estos días, ha llamado la atención las designaciones del nuevo Gobierno, donde prevalecen nombramientos de personas en cargos importantes, con vínculos familiares muy estrechos. Esas designaciones han causado comentarios favorables y adversos, por la historia reciente vivida en los gobiernos peledeistas. Primero, fueron las engorrosas distribuciones de becas para hijos, nietos, sobrinos y ahijados. Después, las Embajadas y Consulados, en el servicio exterior del país, se llenaron de “secretarios auxiliares”, para solventar los hobbies de los becados.
Hay que evitar que determinados cargos considerados “estratégicos” por administradores y gerente estatales; tales como, encargados de compras, servicios administrativos, etc., sean ocupados por hermanos, primos, yernos, cuñados o compadres.
Entendemos que todos aquellos que participaron en el triunfo perremeista, desean participar en las tareas de erradicar la pandemia e impulsar la economía del país, devastada por las medidas tomadas para contrarrestar los efectos del Coronavirus, pero esa participación debe ser programada conforme a planes específicos de desarrollo. Por tanto, cuando se piense en llenar puestos públicos, no solo basta el currículo, ni la ligazón personal. Habría que ponderar la disposición de ejecutar los deberes y responsabilidades que exige la descripción del puesto sobre la base de la integridad ética y moral del posible y probable servidor público.
El derecho de participación no puede resignarse a familias o grupos. Muchos de los ciudadanos dominicanos que ejercieron el sufragio a favor del perreme, lo hicieron tomando en cuenta que serían actores del cambio, no espectadores.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

