El martes tenemos permiso para equivocarnos
07 Septiembre 2026 Ing. Jeffrey Medina, Especialista en Gestión de Riesgos 14
Este martes 8 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, República Dominicana volverá a detener parte de sus actividades para participar en el Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto organizado por el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), un ejercicio que se ha convertido en una de las principales prácticas colectivas de preparación ante emergencias del país. En 2024 participaron alrededor de 2.5 millones de personas pertenecientes a 6,582 instituciones, mientras que para 2025 el registro alcanzó 2,800,005 participantes, una cifra que demuestra la dimensión que ha adquirido esta iniciativa.
Este año el ejercicio incorporará además una prueba del sistema de mensajería instantánea hacia teléfonos celulares, acompañada de sirenas, silbatos y altavoces, buscando fortalecer los mecanismos de alerta ante una emergencia real. Sin embargo, participar en un simulacro no significa simplemente escuchar una alarma, abandonar el edificio, tomarse una fotografía en el punto de encuentro para las redes sociales, regresar posteriormente al puesto de trabajo como si el ejercicio hubiese terminado exitosamente.
Un buen simulacro comienza mucho antes de que suene la alarma. La empresa debería contar con un plan de emergencia actualizado, rutas de evacuación previamente identificadas, salidas disponibles, señalización visible, puntos de reunión seguros, mecanismos de alarma conocidos por todos los ocupantes, además de procedimientos claros para colaboradores, visitantes, contratistas o personas que requieran asistencia durante la evacuación. La experiencia acumulada en ejercicios anteriores demuestra precisamente la importancia de comprobar estos elementos; instituciones participantes han utilizado el simulacro para evaluar rutas, puntos de reunión, tiempos de evacuación, funcionamiento de brigadas y capacidad real de respuesta.
Otro elemento fundamental es disponer de una brigada de emergencia entrenada, cuyos integrantes conozcan previamente sus responsabilidades, sepan orientar el flujo de personas, controlar áreas críticas, verificar espacios cuando las condiciones lo permitan, apoyar a quienes requieran asistencia, mantener comunicación durante el ejercicio, controlar el punto de reunión y confirmar que las personas evacuadas se encuentran contabilizadas. Una brigada que recibe un chaleco cinco minutos antes del simulacro no se convierte automáticamente en una brigada preparada.
También resulta necesario que cada colaborador conozca qué debe hacer. Durante un terremoto real, evacuar mientras la estructura todavía está sometida al movimiento puede aumentar la exposición a objetos que caen, vidrios, elementos desprendidos o aglomeraciones; por esto, la respuesta inicial debe considerar las medidas de autoprotección establecidas para el escenario, mientras que la evacuación debe producirse conforme al procedimiento definido una vez corresponda hacerlo. El simulacro debe permitir practicar comportamientos, no solamente movilizar personas.
El punto de reunión tampoco puede ser escogido simplemente porque existe un espacio vacío frente al edificio. Debe encontrarse previamente identificado, señalizado, suficientemente alejado de peligros derivados de fachadas, cristales, postes, tendidos eléctricos u otros elementos capaces de convertirse en amenazas secundarias. Una vez allí, cada área debe poder verificar a su personal, reportar novedades y evitar que las personas regresen al edificio hasta recibir autorización.
Finalmente, el éxito no debería medirse exclusivamente por quién evacuó más rápido. Una empresa puede reducir considerablemente su tiempo de salida mientras mantiene fallas importantes. El verdadero indicador está en cómo evacuó, qué dificultades aparecieron, cuáles personas no conocían la ruta, dónde surgieron congestionamientos, qué puertas presentaron problemas, cómo respondió la brigada, cuánto tardó la comunicación y qué acciones correctivas quedarán pendientes después del ejercicio. Precisamente, una de las grandes utilidades del simulacro es identificar esas debilidades antes de que sean descubiertas durante una emergencia real.
El martes el terremoto será ficticio, por lo que tendremos la oportunidad de equivocarnos sin pagar las consecuencias que esos mismos errores podrían tener frente a un evento verdadero. Esa es probablemente la mayor utilidad de un simulacro: descubrir hoy aquello que mañana podría costarnos una vida.
Participar es importante. Prepararse antes, evaluar durante el ejercicio, documentar las oportunidades encontradas y corregirlas después es lo que realmente convierte un simulacro en prevención.

