Cuando el poder crea sus propios monstruos

Opiniones 13 Enero 2026 432

Cuando el poder crea sus propios monstruos

En muchas ciudades y provincias del país se repite una historia que ya no sorprende, pero sí duele. Personajes conocidos por su pasado turbulento, por su cercanía con la ilegalidad, por procesos judiciales, conflictos con autoridades y una conducta marcada por la violencia, hoy se presentan como jueces morales desde las redes sociales. No surgieron de la nada. Fueron tolerados, fortalecidos y, en muchos casos, empoderados por autoridades que en su momento les dieron voz, fuerza o protección para usarlos contra otros.

La sociedad sabe de dónde vienen. Sabe a qué se dedicaban. Sabe los conflictos que arrastran. Y aun así, siguen operando con una impunidad que asusta. Se adueñan de espacios, intimidan, graban sin consentimiento, señalan y distorsionan los hechos. Construyen narrativas donde la víctima termina siendo el agresor y la autoridad que intenta actuar conforme a la ley es expuesta como abusiva, aunque los hechos no lo respalden.

Lo más grave no es solo la conducta de estos personajes, sino el silencio institucional. La ausencia de consecuencias. La falta de una respuesta clara y firme que marque límites. Cuando el Estado no actúa, otros ocupan su lugar, pero no para hacer justicia, sino para imponer miedo. Y así, poco a poco, la ciudadanía deja de creer: deja de creer en la justicia, deja de creer en las instituciones, deja de creer que la ley protege al que hace lo correcto.

Hay casos en los que incluso funcionarios del sistema se ven afectados indirectamente, no por sus actos, sino por vínculos familiares o situaciones personales que son aprovechadas para presionar, intimidar o exponer. Se mezclan intereses, terrenos, influencias y amenazas. Se irrespeta la autoridad de los alguaciles, se responde con armas al cumplimiento de la ley, y el terror se normaliza como si fuera parte del paisaje cotidiano.

Cuando grabar sin consentimiento se vuelve un arma; cuando las redes sustituyen a los tribunales; cuando el miedo pesa más que la verdad, algo está profundamente roto. No se trata de defender errores ni justificar procedimientos mal hechos, sino de advertir que la falta de acción institucional termina creando monstruos que luego nadie puede controlar.

La reflexión es necesaria, no para señalar con odio, sino para exigir responsabilidad. Porque una sociedad donde el desorden manda y la ley se negocia, es una sociedad que camina hacia la descomposición. Y todavía estamos a tiempo de preguntarnos: ¿quién permitió que esto creciera?, ¿quién se benefició del silencio?, ¿y quién va a asumir el costo de haber confundido poder con justicia?

Por: El titular de Villa Hermosa