Adriano Espaillat y el valor estratégico de la representación

23 Junio 2026   Affe Gutierrez   826

Adriano Espaillat y el valor estratégico de la representación

A votar por Adriano!!!!!!

Por Affe Gutiérrez

Santo Domingo. - La política suele cometer un error recurrente: confundir simpatía ideológica con interés estratégico. Son conceptos distintos. Un ciudadano puede discrepar profundamente de las ideas de un político y, al mismo tiempo, reconocer el valor que representa para una comunidad, una institución o una causa determinada.

Ese es el caso de Adriano Espaillat.

No comparto gran parte de la visión ideológica que hoy domina sectores importantes del Partido Demócrata. Mi convicción dogmática cristiana, mi formación intelectual, mi visión sobre soberanía, identidad nacional, seguridad, fronteras y ciertos aspectos de la agenda progresista me colocan en posiciones distintas a las que suele defender el congresista dominicano. Sin embargo, una evaluación seria obliga a separar las diferencias doctrinales de los intereses permanentes de una comunidad.

La pregunta relevante no es si cada dominicano está de acuerdo con Adriano Espaillat. La pregunta es qué representa objetivamente su presencia en el Congreso de los Estados Unidos para la comunidad dominicana y para la diáspora hispana en general.

Espaillat no es simplemente otro legislador. Es el resultado de décadas de acumulación política de una comunidad inmigrante que pasó de ocupar apartamentos rentados en Washington Heights a ocupar espacios de poder en Albany y Washington. Su llegada al Congreso simbolizó un salto histórico para cientos de miles de dominicanos que durante generaciones carecieron de representación propia en los centros de decisión de la principal potencia del mundo.

La política es influencia. Y la influencia tarda décadas en construirse.

Mientras algunos observan una candidatura únicamente desde la óptica ideológica, otros entienden que la representación política funciona como un activo estratégico. Los espacios de poder no permanecen vacíos. Cuando una comunidad pierde uno, otra comunidad lo ocupa.

Ese principio es particularmente importante para los dominicanos de Nueva York.

La eventual salida de Espaillat tendría ventajas y desventajas que merecen ser examinadas con honestidad.

Entre los aspectos positivos que algunos observan se encuentra la posibilidad de un relevo generacional, nuevas perspectivas sobre vivienda, desigualdad económica y una representación más alineada con sectores progresistas emergentes. Todo sistema democrático necesita renovación y ninguna figura política debe considerarse insustituible.

Sin embargo, también existen costos potenciales.

La pérdida de una figura con décadas de experiencia legislativa, relaciones institucionales consolidadas y acceso directo a estructuras de poder federal no es un evento neutro. La influencia política no se transfiere automáticamente con una elección. Se construye a través del tiempo, de redes, de confianza institucional y de resultados acumulados.

La comunidad dominicana podría descubrir que reemplazar representación simbólica es sencillo; reemplazar influencia real es mucho más difícil.

Existe además una dimensión identitaria que no debe ignorarse.

Durante años, Espaillat ha sido una de las voces dominicanas más visibles dentro de la política estadounidense. Ha participado en debates migratorios, asuntos hemisféricos, iniciativas comunitarias y actividades vinculadas a la cultura dominicana. Su figura se ha convertido en un punto de referencia para una comunidad que todavía continúa ampliando su presencia dentro de las estructuras de poder norteamericanas.

Esto no significa que deba estar exento de críticas. Ningún político lo está.

Pero tampoco significa que una comunidad deba ignorar el valor estratégico de conservar posiciones que tomó décadas alcanzar.

Las comunidades exitosas piensan en generaciones, no únicamente en ciclos electorales. Entienden que los espacios de representación constituyen activos colectivos que trascienden simpatías personales y diferencias ideológicas.

Por eso, independientemente de las posiciones que cada ciudadano adopte frente al Partido Demócrata, al progresismo o a cualquier otra corriente política, la discusión sobre Adriano Espaillat merece abordarse desde una perspectiva más amplia.

La verdadera pregunta no es quién gana una primaria.

La verdadera pregunta es qué capacidad de influencia desea conservar la comunidad dominicana dentro de la estructura política de los Estados Unidos durante las próximas décadas.

Y esa es una decisión mucho más trascendental que una simple diferencia ideológica. Así que la comunidad dominicana, sobre todo la dominicana debe ir hoy masivamente a votar por Adriano Espaillat.

El autor es Piloto, Abogado, Comunicador y Magister en Defensa y Seguridad Nacional.

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