¡Adiós Joe! Un punto de inflexión para el progresismo en Estados Unidos

Opiniones 22 Julio 2024 561

¡Adiós Joe! Un punto de inflexión para el progresismo en Estados Unidos

El reciente evento que ha tenido lugar en los Estados Unidos tiene una relevancia significativa para el país y en especial para los sectores progresistas, no solo en cuanto a la política interna del país, sino también a nivel internacional. Estamos hablando de una nación que a menudo se presenta a sí misma como el modelo ideal de democracia. Estamos hablando de la nación del “América Dream” y el “American Exceptionalism”. Este evento nos invita a reflexionar sobre la situación actual y a cuestionar las políticas imperiales de los Estados Unidos, que perpetúan la injusticia y la desigualdad en el mundo.

Nunca antes un presidente en ejercicio, en sus primeros cuatro años de gobierno había renunciado a reelegirse. El único presidente que tomó una decisión similar fue Lyndon B. Johnson en 1968, bajo circunstancias históricas muy diferentes pero igualmente complejas. La renuncia de Johnson abrió la puerta para una competencia feroz dentro del Partido Demócrata, que finalmente facilitó la victoria de Richard Nixon. ¿Podríamos estar en el umbral de un cambio semejante, o incluso más profundo?

Es importante destacar que la decisión de Joe Biden de no postularse para la reelección es un evento que resuena con particular relevancia y que podría redefinir significativamente el paisaje político del los Estados Unidos y en ese sentido es necesario analizar cómo este evento impacta a los sectores más importantes en los Estados Unidos, la clase media y trabajadora.

La renuncia de Biden debe ser comprendida en el contexto de crecientes preocupaciones sobre su edad y capacidad para gobernar, y dentro de ese mismo panorama es válido cuestionarse, el hecho de que si no está apto para reelegirse cómo puede estar apto para seguir gobernando y si no sería igualmente prudente pasarle la antorcha de la presidencia a Kamala Harris, quien se perfila cómo la candidata más idónea para la próxima contienda electoral.

Esto a diferencia de la mayoría de las narrativas convencionales, también refleja un movimiento hacia la posible revitalización democrática dentro del Partido Demócrata. Pero al mismo tiempo es importante recordar que en los Estados Unidos existe básicamente un partido político, el partido de las corporaciones, con dos facciones, una facción de extrema derecha, los republicanos y otra facción de derecha, los demócratas. En ese sentido Kamala Harris no es ni remotamente representante del progresismo, como si lo es Bernie Sanders, más bien representa una derecha moderada.

Esto nos lleva a cuestionar: ¿Qué significa esta transición para los sectores progresista en Estados Unidos?

Primero, es fundamental reconocer que la retirada de Biden subraya las limitaciones de la política centrada en individuos sobre sistemas. En lugar de poner énfasis simplemente en quién será el próximo líder, este es un momento propicio para reimaginar la estructura y las prioridades del Partido Demócrata. Las primarias que se avecinan no son simplemente una competencia de popularidad; son un campo de batalla ideológico donde se discutirá el futuro del país en aspectos clave como la justicia económica, la reforma del sistema de salud, el cambio climático, los derechos de las mujeres, los derechos de los sectores LGTB+, el aborto y los derechos humanos en general.

En segundo lugar, la incertidumbre electoral puede convertirse en una oportunidad para que el movimiento progresista tome un rol más activo y visible. Históricamente, los momentos de crisis han sido catalizadores para cambios significativos. Este es uno de ellos, un momento de llamado a la acción para movilizar a las bases, fomentar un debate profundo y deliberado, y presentar una visión coherente y audaz que pueda captar la imaginación del electorado. Se necesita un enfoque que no solo resista las políticas regresivas, sino que también presente alternativas viables y humanas.

Finalmente, es crucial entender las implicancias globales de esta transición. Los ojos del mundo están sobre Estados Unidos, y el liderazgo que pueda emerger en este contexto enviará un mensaje potente sobre los valores, compromisos y un nuevo sentido común que pueda frenar y hacerle frente a la radicalización patológica que representa el Partido Republicano. En tiempos cuando la democracia se ve amenazada en diversos frentes, un liderazgo progresista y audaz puede convertirse en una fuente de inspiración y un bastión contra el autoritarismo creciente.

En ese contexto político marcado por la polarización y la división, la elección dentro del partido Demócrata de un líder progresista representa una oportunidad para avanzar hacia un cambio real y transformador que pueda unir a los movimientos activistas de los Estados Unidos, atrayendo con ellos a figuras cómo Bernie Sanders y otros líderes independientes.

En una era marcada por guerras, crisis económicas, sociales y ecológicas, la política norteamericana necesita urgentemente de una infusión de nuevas ideas y liderazgo dinámico, algo que figuras como Kamala Harris, Pete Buttigieg, Elizabeth Warren, Gavin Newsom, o incluso Michelle Obama o la Gobernadora Gretchen Whitmer podrían ofrecer.

Asimismo, la elección de un nuevo candidato Demócrata podría suponer un cambio en la forma en que se abordan las desigualdades económicas a nivel global. Las políticas económicas que benefician a las élites y empobrecen a las capas más vulnerables de la sociedad, y la llegada de un líder progresista podría significar un cambio de rumbo en la lucha contra la desigualdad y la injusticia.

La decisión de Biden es, sin duda, un punto de inflexión. Pero los activistas de los movimientos progresista de los Estados Unidos, no debemos verlo únicamente como una posible crisis, sino como una ventana de oportunidad para instaurar un cambio genuino y duradero. Los acontecimientos recientes le están dando la oportunidad histórica más importante en un llamado a unir fuerzas, en la causa común de detener el auge ultraderechista el próximo noviembre. Es un llamado urgente a figuras cómo Bernie Sanders, Elizabeth Warren, Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib, Ilhan Omar y Pramila Jayapal a detener el avance del odio de la ultraderecha norteamericana.

Pero, la historia no la hacen los líderes en solitario, sino los movimientos que los apoyan y los principios que defienden y por eso el llamado de unidad está dirigido a las organizaciones que representan el progresismo de los Estados Unidos, sin excepciones. Organizaciones como MoveOn, Indivisible, Democratic Socialists of America (DSA), Our Revolution, Justice Democrats, The Sunrise Movement, Black Lives Matter (BLM), Planned Parenthood, American Civil Liberties Union (ACLU), Working Families Party, Sierra Club, Greenpeace USA, The Sunrise Movement, 350.org, Natural Resources Defense Council (NRDC), Friends of the Earth, Earthjustice, League of Conservation Voters (LCV), Environmental Defense Fund (EDF), NextGen America, Center for Biological Diversity, Human Rights Campaign (HRC), GLAAD, Lambda Legal, The Trevor Project, National Center for Transgender Equality (NCTE), Victory Fund, Gay, Lesbian & Straight Education Network (GLSEN) y cientos de organizaciones activistas más que constituyen la arquitectura más progresista y combativa de los Estados Unidos, este es su momento histórico.

Es tarea entonces, del movimiento progresista en los Estados Unidos de mantener alejado el mal mayor, mientras se trabaja a favor de un verdadero progreso. Para los progresistas, el voto de noviembre debe ser un voto estratégico, para votar a favor del mal menor (“lesser of two evils”), en una sociedad atrapada en un marco político en el cual las opciones son bastante limitadas y hay que elegir entre ellas incluso si no nos gustan.

Es hora de que la izquierda progresista de Estados Unidos tome las riendas de su destino y guíe al país hacia un futuro más justo y equitativo.

Por: Por José M. Santana / diario.red