La realidad de las promesas electorales

31 Agosto 2020     989

La realidad de las promesas electorales

El espacio que tengo disponible en este artículo, no me permite elaborar una lista de las ofertas de campaña enarboladas en las recientes elecciones municipales, congresuales y presidenciales. En la medida que va pasando el tiempo, esas promesas se van diluyendo, quedando solo los titulares o temas como expresión de solución de los problemas que inciden en la mayoría de los sectores de la sociedad dominicana.

La atención a los problemas de salud, la educación, la corrupción, la seguridad, el bienestar social, son demandas latentes que, a menudo, se enfrentan con el incumplimiento de las ofertas de campaña. Las promesas electorales se desvanecen cuando su auspiciador, si es favorecido por el voto de sus seguidores y simpatizantes, no insiste en desarrollar su programa de gobierno, es decir si olvida de las promesas anunciadas.

Cuando un aspirante a un cargo electivo se manifiesta ante la sociedad con un paquete de asuntos que requieren decisión política, lo normal es que ofrezca una explicación, cuando las circunstancias son adversas o impidan el logro de esos objetivos, pero resulta que la mayoría de los políticos, una vez posesionados en el cargo al cual aspiraron, pierden todo contacto con la población que lo eligió.

Esa actitud manifiesta por una persona elegida, en lo municipal y congresual, puede catalogarse con dos palabras: demagogia y populismo. Estas dos expresiones que a veces asumen los políticos como parte de sus quehaceres, son utilizadas como una forma de enrocarse, por el incumplimiento de sus promesas electorales. Tanto la demagogia como el populismo, hacen daño a quien se le aplica, pues enferman el sentido de oportunidad que ofrece la democracia.

Hace más o menos 24 siglos antes, Aristóteles describió que la demagogia es prima hermana de lo que hoy se conoce como populismo, y definió al demagogo como “adulador del pueblo” y a la demagogia como “forma corrupta o degenerada de la Democracia. Es demagogia ofrecer la erradicación de problemas que de una manera u otra persisten por décadas o siglos en la sociedad; en cambio, el populismo, insiste que hay personas o grupos enquistados en determinados estamentos de poder negando las oportunidades al pueblo. De erradicar esos problemas.

 

Aristóteles describe a un gobierno virtuoso, cuando persigue en resolver el interés general de la población; pero si persigue satisfacer las necesidades de un solo individuo o unos cuantos, se desvirtúa. Esa misma sensación la experimenta el sufragante al ver que las ofertas de los aspirantes no se aplican y cuando tienen ejecución, son favorecidos allegados o grupos íntimos del candidato.

Insistimos en la carencia de explicación de los aspirantes beneficiados con el voto popular, cuando sus promesas son incumplidas. La comunicación con los representados es de vital importancia cuando existen argumentos valederos. Cuando no los hay, se cae en la demagogia. La demagogia regularmente es una expresión que procede de las ínfulas de poder. El populismo, es una reacción que emana tanto del poder como de la oposición. En este sentido, las autoridades municipales y congresuales, en ocasiones tratan de soslayar sus responsabilidades, trasladando al Gobierno Central sus propuestas electorales.

La realidad de las promesas electorales una vez los incumbentes toman posesión del cargo, se conjuga, en el sentido de lo distinto que es una situación cuando se pondera desde una tarima y cuando se enfrenta en la práctica a la solución de problemas generados por la falta de políticas públicas. Mi consejo, para las próximas contiendas electorales, cuando los candidatos estén haciendo ofertas, será necesario que le agregan a su discurso, la frase: “algunas restricciones aplican”.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense