Groenlandia, Cuba y el retorno del poder desnudo: soberanía, defensa y el Caribe ante el nuevo orden

03 Febrero 2026   Affe Gutierrez   692

Groenlandia, Cuba y el retorno del poder desnudo: soberanía, defensa y el Caribe ante el nuevo orden

Por: Affe Gutiérrez

Santo Domingo, R.D. La geopolítica no cambia de naturaleza; cambia de escenario. Hoy el centro del tablero se desplaza hacia el frío, hacia territorios que antes parecían marginales y que ahora definen el equilibrio del siglo XXI. Groenlandia no es una isla lejana; es el epicentro silencioso de la próxima disputa global. Cuba es el eco del pasado que se resiste a morir. Y la República Dominicana observa, creyendo que mira desde la barrera, cuando en realidad ya está dentro del juego.

Groenlandia: cuando el hielo se convierte en poder

El interés de Estados Unidos por Groenlandia no surge de un impulso reciente ni de una extravagancia presidencial. Es una doctrina estratégica que combina geografía, tecnología, defensa y recursos críticos, Groenlandia es, en términos militares, un portaaviones natural e insumergible en el Ártico. Desde allí, Washington controla el corredor más corto entre Norteamérica y Eurasia, la llamada ruta polar, por donde viajarían, en caso de conflicto, misiles balísticos intercontinentales. No es casual que allí opere la base de Pituffik, eje del sistema de alerta temprana y defensa antimisiles. Pero el factor militar es apenas una capa.

El Ártico como nuevo Mediterráneo

El deshielo está abriendo rutas marítimas que reducen semanas de navegación entre Asia, Europa y América del Norte. Quien controle esos pasos controla, comercio, energía y proyección naval, o sea, Groenlandia se convierte así la aduana geopolítica del futuro.

Así como el Báltico funciona hoy como aduana de la seguridad europea, Ormuz y Suez cobran peaje al petróleo y al comercio global, y Malaca y Taiwán condicionan el pulso del poder asiático, Groenlandia emerge como la aduana geopolítica del futuro, un punto donde convergen rutas polares, defensa estratégica y recursos críticos. La diferencia es que, mientras esas aduanas ya están saturadas por conflictos abiertos, Groenlandia se disputa en silencio, con acuerdos y presencia militar “preventiva”, anticipando el control del mundo que viene y no del que se va.

Minerales estratégicos y soberanía tecnológica

Bajo su suelo descansan tierras raras, uranio y minerales críticos indispensables para semiconductores, sistemas de defensa, energías renovables e industria aeroespacial, Estados Unidos entendió antes que Europa que la dependencia mineral es una forma moderna de subordinación política, especialmente frente a China.

China y Rusia es la amenaza sin bandera

China no necesita bases militares visibles; compra infraestructura, financia puertos, explora minerales. Rusia, por su parte, militariza el Ártico con la naturalidad de quien regresa a su patio histórico. Para Washington, permitir que Groenlandia quede abierta a estas influencias sería equivalente estratégico a perder el Canal de Panamá en el siglo XX, por eso no se habla de anexión (aunque se hable de compra); se habla de protección, asociación, seguridad compartida. El lenguaje del poder moderno.

Soberanía formal o vulnerabilidad real

El derecho internacional proclama la inviolabilidad territorial y la igualdad soberana. Pero también vive de ficciones necesarias. Una de ellas es que todos los territorios pueden ejercer plenamente su soberanía. La realidad es más cruda y es que un territorio que no puede defender su espacio aéreo, marítimo o digital, termina cediendo soberanía funcional, aunque conserve soberanía jurídica.

No existe una norma que autorice la tutela de los débiles, pero la práctica internacional la ha normalizado bajo acuerdos de defensa, asistencia militar y presencia estratégica consentida. Groenlandia no está ocupada (aun). Está alineada. Y esa alineación es la nueva forma de dependencia aceptable.

Cuba es el pasado que regresa en un mundo distinto

La presión de Estados Unidos sobre Cuba se intensifica no por ideología, sino por contexto estratégico. En un hemisferio donde Washington intenta cerrar flancos, Cuba vuelve a ser incómoda por tres razones: cercanía geográfica, fragilidad económica y su potencial como plataforma simbólica y logística para actores extrahemisféricos. Hoy Cuba enfrenta un dilema existencial, y es reformarse o convertirse en riesgo sistémico (migración, desorden, inestabilidad regional). La presión no busca una invasión; busca una decisión.

El Caribe vuelve a ser frontera

Para la República Dominicana, estos movimientos no son lejanos ni abstractos, el reposicionamiento de Groenlandia y la presión sobre Cuba implican mayor valor estratégico del Caribe como zona de control, incremento de cooperación en seguridad, defensa aérea y marítima, presiones migratorias indirectas y expectativa de alineamiento político. La República Dominicana no será afectada por lo que haga, sino por lo que no defina. En tiempos de reordenamiento global, la ambigüedad suele interpretarse como debilidad.

Mientras el hielo revela lo que el calor ocultaba

Groenlandia nos enseña que el poder no espera crisis para moverse; las anticipa. Cuba demuestra que los conflictos congelados nunca desaparecen. Y el Caribe confirma que la historia siempre vuelve a las rutas que parecían secundarias.

El siglo XXI no se decide solo en las capitales calientes, sino en los territorios fríos donde se define quién protege, quién depende y quién observa demasiado tarde.

Porque al final, como advertía Maquiavelo, “la fuerza puede abrir la puerta; pero gobernar es convencer de que la puerta debía abrirse”.

El autor es Abogado y Comunicador

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