El Producto Interno Bruto y la justa distribución de los recursos

19 Abril 2021   Por Julio Gutiérrez Heredia

El Producto Interno Bruto y la justa distribución de los recursos

Por los efectos negativos del Coronavirus, la mayoría de los países del Planeta sufrieron pérdidas humanas y económicas. Los niveles de producción descendieron a niveles impensables. Muchos gobiernos tuvieron que implementar medidas sanitarias y socioeconómicas, para poder paliar la caótica situación generada por la pandemia.

Nuestro país no pudo escapar de las vicisitudes causadas por el contagio de tan letal virus. La población dominicana vio con estupor como colapsaba el sistema sanitario y se derrumbaba el aparato productivo. No importó la cuarentena ni el confinamiento, los infectados eran víctimas de una enfermedad hasta ese momento desconocida. El desasosiego cundió en todos los estratos sociales. El aprovisionamiento de productos de primera necesidad convirtió en un caos en los establecimientos de expendio debido al exceso de la demanda.

 

De la noche a la mañana, la industria, el comercio y las empresas de servicio, tuvieron que suspender sus actividades. Cientos de miles de empleos se desvanecieron. La crisis sanitaria y económica se manifestó en todas las localidades de la República Dominicana. Ya en tres meses de pandemia, todos los logros obtenidos, según las estadísticas, inició un progresivo deterioro económico.

El Producto interno Bruto (PIB), la mejor demostración del auge de la economía del país, para los gobiernos de la última década, durante la pandemia, descendió a niveles por debajo del eje de abscisas. Ese descenso afectó a la mayoría del pueblo dominicano, en el sentido de que, la crisis demostró que el progreso propagado por las autoridades, solo se reflejaba en un segmento muy reducido de la sociedad.

 

Al analizar los renglones que componen el Producto Interno Bruto   del país, con excepción de las comunicaciones y los servicios financieros, todos los demás experimentaron mermas considerables, provocando el paro de las actividades de muchos entes productivos, independientemente de los esfuerzos gubernamentales, en subsidiar determinados elementos de costos y gastos.

El histórico el aumento continuo del Producto Interno Bruto, en muchas ocasiones se salpicaba de dudas, en el sentido de que, muchos sectores de la Nación, cuestionaban la incidencia de un incremento en la economía, sin que esta bonanza se manifestara positivamente en los extractos más bajos de la población.

La aplicación de las vacunas para contrarrestar los efectos del COVID-19, ha sido un aliciente para la población mundial. Esa sensación la hemos experimentado los dominicanos con el programa de vacunación implementado desde principios del mes de marzo del 2021. Con el manejo adecuado de las medidas sanitarias, sectores como el turismo, la agricultura, las zonas francas, han reaccionado positivamente hacia una normalización.

De ampliarse el ámbito de la población vacunado y finalizar el cese de las operaciones de la mayoría de las empresas suspendidas, es seguro que nuestra economía, inicie una demostración de nuevos músculos, capaz de colocar a nuestro PIB, en dos puntos por encima del eje de abscisas.

En la bitácora del Producto Interno Bruto, la pandemia ejerció una regresión drástica en la puntuación de todos los países del mundo. En el nuestro, sustrajo los siete puntos a menos dos. Los analistas económicos, calculan un resurgimiento para el año 2021 de cuatro puntos. De acuerdo a las expectativas del Banco Central de la República Dominicana, la economía del país tendrá “un nuevo episodio de resiliencia, ya que el crecimiento dominicano podrá ubicarse en terreno positivo…”. Si partimos de esa premisa, es conveniente enfatizar, que el trayecto del auge de la economía y, por ende, el aumento del PIB, debe satisfacer las aspiraciones de la mayoría del pueblo dominicano, en especial, la clase más necesitada. De no manifestarse una justa distribución de los recursos en ese sector, la riqueza se alojará, como ha sido la experiencia, en un pequeño grupo, en detrimento de la mayoría. El Presupuesto Nacional deberá darle énfasis a la inversión, en lugar del Gasto Corriente; los sueldos tendrán que dignificarse; las soluciones habitacionales, serán una realidad; la seguridad social formará parte del verdadero Estado de Bienestar.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense