El corralito en tiempos de pandemia

19 Octubre 2020  

El corralito en tiempos de pandemia

Los dominicanos no tendrán oportunidad de medir el impacto socio-económico y sanitario de la pandemia del Coronavirus, debido a la actitud y comportamiento de los infectados y los no contagiados, ya que, en el aspecto humano, la cantidad de fallecidos han marcado a familias por siempre y en algunos casos, los deudos no mostraron interés por las estadísticas.

No obstante, estas bajas en la comunidad (más de 2,000 personas han sido contabilizadas con actas de defunción, indicando la causa de muerte por el COVID 19), conforme a las mediciones de entidades interesadas en el manejo y control de la pandemia, informan que, aproximadamente, un 70 % de la población ha manifestado no temerle al virus SARS-Cov-2.

 

A pesar de que, tanto el Gobierno Central como grupos empresariales y organizaciones sociales, se han empeñado en buscar soluciones sanitarias para detener los contagios y por ende los fallecimientos, implementando programas con la finalidad de paliar las lastimosas situaciones que embargan a la mayoría de los ciudadanos, encontramos sectores absortos en la búsqueda y participación de soluciones para contrarrestar el repunte de la pandemia.

Muchos sectores populares de las ciudades del interior del país y de la capital, se vieron afectados por las carencias de dinero, el suministro de medicamentos y la carencia de atenciones en las necesidades que acarrean los últimos gastos de familiares fallecidos, debido a que más de un millón y medio de personas se paralizaron por la cuarentena y el confinamiento.

Como si fuera una paradoja, en los momentos más difíciles, aquellos que suelen llamarse representantes del pueblo, no hicieron actos de presencia en comunidades y barrios pobres, con el propósito de mitigar el impacto de la pandemia.

Para que se usan los fondos del denominado “Barrilito”; puesto que son una porción del Presupuesto Nacional, adjudicado a Diputados y Senadores, cuyo calculo es el otorgamiento de un peso dominicano (RD$1.00) por cada voto hábil sufragado en las elecciones en las cuales fue electo. Por lo tanto, esos fondos no cumplieron con su cometido, en la cuarentena, ni en el confinamiento, ni en las atenciones de los contagiados y los fallecidos.

Mejor hubiera sido de gran estímulo que los congresistas se despojaran de esos fondos para subsidiar a los más necesitados de las comunidades que ellos representan, tanto en la cámara de Diputados como la de Senadores, aportando para compras de alimentos, pruebas PCR y medicamentos; pero si lo hicieron, la mayoría del pueblo no se percató.

 

El estigma de “fondo cofrecito” que tiene el “barrilito”, se pudo esquematizar como un instrumento al servicio de la comunidad, si los mismos fueren usados para mitigar las penurias de muchos ciudadanos en condiciones calamitosas, diseminados en todo el país, debido a la pandemia.

Con el nombre oficial de “Fondo de Transferencia Social”, los congresistas dominicanos formalizaron, a partir del 2006, lo que el pueblo denominó con el mote de “Barrilito”, cuyo objetivo era aplicar los fondos asignados con “sentido de equidad y justicia fuera de la influencia política”.

Desde su creación, el Estado Dominicano ha desembolsado más de 20 mil millones de pesos, para fines de “gestión provincial”, con poca regulación y fiscalización.

A la pandemia se le agregó un evento en su contra, para no recibir los fondos del “Barrilito”, como fueron las elecciones municipales, congresuales y presidenciales, debido a que el dinero asignado se utilizó en la parafernalia de las campañas políticas, en lugar de cubrir las necesidades de los infectados y de la mayoría de la ciudadanía que se resguardaba en sus hogares para evitar el contagio. En conclusión, de que ha servido el “Barrilito”?

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense