Como un delito desgasta un partido en el poder
14 Octubre 2019 Julio Gutiérrez Heredia 1056
Son muchos los funcionarios que en el momento de ocupar puestos públicos, consideran que “embotellar” la nómina de su dependencia, designando a familiares, amigos cercanos o solventando compromisos contraídos en periodos de campaña, no incurren en ninguna violación de las disposiciones que norman las conductas y los procedimientos de los empleados del Sector Público en el desempeño de sus funciones. Los Numerales 1; 2, y 3, del Artículo 3 de la Ley No.41-08 de Función Pública, expresan la forma de ingresar, los méritos y la permanencia en los cargos de los servidores públicos. Esta es la primera violación de un administrador de la cosa pública cuando es nombrado en un puesto de mando.
En el párrafo anterior, todo lo escrito se refiere al delito mas común que un funcionario estatal comete y, lo peor es que considera que esta manera de proceder no contradice ningún ordenamiento jurídico, pues entiende que el nepotismo es una palabra hueca, sin sentido y que no agrede a nadie. Pero veamos qué dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española sobre el término nepotismo: “Es la predilección exagerada que algunos funcionarios en actividad que ocupan cargos públicos poseen respecto a su familia, allegados y amigos a la hora de realizar concesiones o contratar empleados estatales. En estos casos, el individuo que accede a un empleo público logra el objetivo por su cercanía y lealtad al gobernante o funcionario en cuestión, y no por mérito propio o capacidad”. Según la concepción del darwinismo social, el nepotismo es una manifestación de corrupción, ya que frena las oportunidades que toda persona es merecedora.
Pero el nepotismo no solo se evidencia al colocar en nóminas a personas allegadas al gobernante o funcionario, también se percibe cuando se favorece a alguien con el otorgamiento de una beca, una obra de grado a grado o la entrega sin condiciones de bienes muebles e inmuebles propiedad del Estado, sin los méritos para recibir esas concesiones.
Suele ser irritante para una persona, sentirse irrealizada, después de elevar su nivel de conocimiento, adquirir competencias para para acceder a las oportunidades que ofrece el Estado y no ser tomada en cuenta para llevar a cabo esos desempeños.
Durante décadas el pueblo dominicano ha venido observando cómo familias y grupos se han servido de los bienes del Estado para su provecho, sin tomar en cuenta que esa manera de gobernar es inaceptable, que con el paso de los tiempos, en vez de subsanar situaciones, los afectados y la mayoría de las personas que observan esas manifestaciones tienden a disminuir sus sentimientos y desviar su simpatía hacia otros sectores políticos que se pronuncien en contra de esta forma de corrupción; pero, para quienes lo aplican, consideran que no es un delito contra la sociedad, sin importar la tasa de rechazo que su partido va acumulando desde el poder.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

