2025; República Dominicana entre el expediente y el rebú

29 Diciembre 2025   Affe Gutierrez   662

2025; República Dominicana entre el expediente y el rebú

Por: Affe Gutiérrez

Santo Domingo, R.D. El 2025 fue un año bastante bizarro, el Estado habló mucho de reformas, cifras, planes, operativos, pero, la gente vivió lo de siempre; el rebú, la espera, el “no hay sistema”, el miedo que cambia de forma y la esperanza que se administra por dosis, en el papel, avanzamos, en la calle, la vida siguió siendo una prueba de resistencia.

Y es que, el dominicano no vive de discursos, vive de si la justicia llega, si el empleo aguanta, si la escuela abre, si el hospital responde, si la Policía protege, si el precio del colmado cabe en el bolsillo, y si la niña (la niña) sigue siendo niña.

Justicia: reformas grandes, justicia lenta.

El poder judicial cerró el año con dos hitos legales:

  • la promulgación de la Ley 97-25, que reforma el Código Procesal Penal (7 de diciembre de 2025), con el argumento de agilizar procesos y fortalecer derechos.
  • y la promulgación del nuevo Código Penal (Ley 74-25, 4 de agosto de 2025).

Eso, en teoría, es modernización, pero la cotidianeidad pregunta otra cosa, ¿cuándo la justicia dejará de ser un calendario y se volverá consecuencia? Porque mientras se legisla arriba, abajo el ciudadano sigue viendo los mismos aplazamientos, tecnicismos, licencias médicas, y un proceso que a veces parece diseñado para cansar a quien exige rendición de cuentas.

Corrupción: Calamar, Antipulpo, Coral/Coral 5G y la pedagogía del “se tarda”.

Calamar: el caso que enseñó a la gente a contar aplazamientos.

El expediente Calamar siguió marcando el pulso emocional del país: aplazamientos en cadena, debates sobre “tácticas dilatorias”, y una fase preliminar que se convirtió en símbolo del sistema que se mueve, pero no llega y, cuando un caso de alto impacto se estanca, no se estanca solo un expediente, se estanca la credibilidad.

Antipulpo: sentencia, “luces y sombras” y una lección incómoda.

En Antipulpo, el 14 de agosto de 2025 el Segundo Tribunal Colegiado del DN condenó a 7 años de prisión a Juan Alexis Medina Sánchez. El Ministerio Público, sin romanticismo, describió el fallo como de “luces y sombras”. Esa frase es casi un diagnóstico nacional, avance, sí… pero no el que despeja todas las dudas, ni el que cura la sospecha de que a veces la justicia no es ciega, sino selectiva, lenta o negociada.

Coral y Coral 5G: la salud como excusa y el juicio como rehén.

En Coral/Coral 5G, el 2025 dejó un episodio que, por sí solo, explica la fatiga colectiva, el juicio de fondo fue reprogramado por razones de salud atribuidas a uno de los imputados, y el Ministerio Público pidió una junta médica para verificar la licencia. Y aquí el punto editorial, en un país con desigualdad, hasta la demora se vuelve privilegio. El pobre no aplaza su sentencia; el pobre la cumple. El sistema debería escandalizarse más con eso.

Seguridad: “intercambios de disparos” y la normalización de lo anormal.

Hay cifras que no deberían volverse costumbre, al 5 de septiembre de 2025, Diario Libre reportó 170 muertes en acciones atribuidas a la Policía Nacional en el marco de supuestos “intercambios de disparos”, superando el año anterior para el mismo período, otras publicaciones del mismo medio señalaron el incremento sostenido y el debate público por la falta de informes concluyentes en muchos casos.

El problema no es solo cuántos; es qué tipo de Estado se acostumbra a explicar la muerte como procedimiento. Una democracia se mide también por su capacidad de investigar antes de disparar, y de rendir cuentas después de hacerlo.

Violencia contra la mujer: menos cifras, el mismo duelo.

Oficialmente y en prensa se informó una reducción, y aun así el número duele igual: 49 feminicidios contabilizados en 2025, con descenso respecto a 2024, según reportes difundidos en noviembre.

Pero el país no debe celebrar demasiado rápido, cada feminicidio es una cadena de fallas de prevención, denuncia, medidas de protección, cultura de control, impunidad doméstica y una falta real desde el Estado de combatirla con menos violencia, la reducción estadística es importante; el dolor no se reduce a porcentaje.

Embarazos en menores: cuando la niñez se convierte en dato.

La ONE reportó que al segundo trimestre de 2025 se registraron 7,791 embarazos en adolescentes, y que 400 correspondieron a menores de 15 años (5.13%). Aquí no hay neutralidad, una menor embarazada no es un “tema social”; es un grito que busca un culpable sin sanción. En muchos casos, encima del abuso, hay coerción o desigualdad brutal. Y el país que se acostumbra a eso se acostumbra también a lo peor, a que la infancia sea solo un trámite.

Educación: aulas nuevas, horas perdidas.

Sí, hubo anuncios de infraestructura y expansión, más centros incorporados a jornada extendida y planes de aulas para el período 2025–2026, pero el 2025 también dejó un dato demoledor sobre el “diario vivir” escolar, hasta noviembre, se reportó que 36.6% de las horas de clases previstas se perdió en escuelas públicas por huelgas y asambleas vinculadas a seccionales de la ADP.

Eso es una tragedia silenciosa, no se ve como un escándalo diario, pero se paga durante décadas, un país puede inaugurar aulas; si no garantiza docencia, inaugura paredes, no futuro.

Salud: entre la vigilancia sanitaria y el golpe moral de la corrupción.

En lo sanitario, el Ministerio de Salud afirmó haber logrado cero muertes por dengue y una reducción fuerte de casos en 2025, pero el golpe emocional del año en salud fue otro, la corrupción en un sistema que debería cuidar.

El Ministerio Público bautizó como Operación Cobra la investigación vinculada a SeNaSa, con allanamientos, arrestos y solicitud de coerción contra imputados, en su narrativa pública, el MP habló de miles de millones en sobornos y pagos irregulares, y la prensa reportó montos específicos atribuidos a los hallazgos del caso siempre como alegaciones en fase de investigación y que es secreta.

Y esto es lo más serio, cuando se roba en salud, no se roba dinero, se roba confianza. Se roba el derecho a enfermarse sin miedo.

Empleo, desempleo e informalidad: el país “trabaja”, pero demasiado “resuelve”.

El Banco Central reportó una tasa de desocupación abierta (SU1) de 5.0% en el segundo trimestre de 2025 y, para el tercer trimestre, se informó una tasa de informalidad de 54.6%, estas cifras traducidas al lenguaje del de a pie, podemos decir que hay empleo, sí, pero hay mucho empleo sin estabilidad, sin protección, sin futuro, el dominicano no siempre está desempleado; muchas veces está subempleado, “inventando”, viviendo con la ansiedad como salario fijo.

Desarrollo: monorriel, obras y la pregunta de siempre.

En infraestructura, el Gobierno reportó que el Monorriel de Santiago alcanzó 87.8% de avance en diciembre de 2025, y en lo macroeconómico, el Banco Central informó inflación interanual de 3.76% en septiembre de 2025, dentro del rango meta por largo tiempo, pero el ciudadano mide desarrollo con la vara de ¿se vive mejor, o solo se ve más obra? La obra es necesaria; el servicio y la institucionalidad son indispensables.

Migración, ambiente y tránsito: Otro tema que atravesó 2025.

El Gobierno anunció 15 medidas para enfrentar la migración irregular, colocando el tema como prioridad de soberanía ante la crisis haitiana. En paralelo, el año recordó que el país también se juega su futuro en el territorio, operativos contra extracción ilegal en el río Nizao y el debate sobre mafias de arena y daño ambiental. Y, como epidemia no declarada, siguió el drama vial, el Pacto Nacional por la Seguridad Vial y el plan 2025–2030 intentaron responder a una mortalidad que ya es vergüenza nacional.

2025 fue un examen de carácter.

El 2025 nos dejó, a la vez, leyes nuevas y viejos hábitos, expedientes gigantes y dolores cotidianos. Obras visibles y ausencias invisibles. Y al final, la pregunta que queda no es jurídica, ni económica, es moral. ¿Qué país estamos construyendo si normalizamos la demora, la violencia y la infancia rota, mientras celebramos indicadores y promesas? Porque un país no se define por lo que anuncia, sino por lo que sostiene sin espectáculo, justicia que llega, escuela que enseña, salud que cuida, empleo que dignifica, seguridad que no mate la confianza.

Y si 2025 nos enseñó algo, es que la República Dominicana no necesita más discursos; necesita más consecuencias. Feliz fin de año 2025 y próspero 2026.

El autor es Abogado y Comunicador

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