Corruptos asintomáticos

05 Octubre 2020  

Corruptos asintomáticos

Los ciudadanos esperan que los funcionarios electos y designados cumplan con sus obligaciones y sepan rendir cuentas de sus actividades y procesos con respecto a las políticas públicas, representadas por proyectos y programas estatales. Cuando el desempeño afecta negativamente en la calidad y en la eficiencia de la gobernabilidad, crea oportunidad para que las prácticas corruptas y el despilfarro de los recursos nacionales, se manifiesten.

Los acontecimientos suscitados en el periodo de transmisión de mando, es un reflejo de que las malas prácticas en el tren gubernamental, a menudo se consideran como normales. Los hallazgos de más de trescientos expedientes en la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (PEPCA), que dormían una “siesta larga”, fueron “despertados” por la “escoba” de las nuevas autoridades del ministerio Público, es un síntoma de que los efectos de la corrupción, se pueden manifestar de diferentes maneras.

Flagelos como el nepotismo, el peculado, las coimas, se han transmitido de un funcionario a otro, argumentando que esas actividades corruptas, son indelicadezas, ya que para ellos se presentan como asintomáticas, debido a que consideran no cometer delito alguno. Estos “contagios”, regularmente no se pueden detectar, debido a que en muchas ocasiones quien o quienes los padecen, no se dan cuenta que son portadores virulentos.

 

Ante esta situación, la labor de los funcionarios responsables de actuar contra la corrupción es más complicada, puesto que un corrupto “asintomático”, no es fácil de identificar, debido a que “hay que agarrarlo con la mano en la masa”. Más difícil seria si el personaje se resguarda en el trípode de la impunidad, ya que solo se pueden dar a conocer casos corruptos, cuando una de las patas del trípode rompe con el silencio o comete cualquier desafuero, descubriendo a aquel o aquellos “asintomáticos corruptos”.

Los corruptos no son elementos exclusivos de un determinado gobierno o de partido político alguno. El ambiente lo crea o lo define. Pueden ubicarse en cualquier institución. Para descubrir a estos “asintomáticos”, es necesario tener en cuenta y recordar la frase del ex presidente Balaguer en su libro Los Carpinteros: “si quieres conocer a fulanito, dale un carguito”.

Por más que un primer mandatario se ufane de erradicar la corrupción en su gobierno, hasta llegar al extremo de decir “¿cuál corrupción?”, al contestar una pregunta con otra pregunta. La debilidad en los controles y la falta de procedimientos adecuados, el riesgo de que un “asintomático” sea detectado como contagiado, siempre estará latente.

Para demostrar que los “corruptos asintomáticos” no son endémicos de un partido político o de un tipo de gobierno, en particular, referenciamos lo acontecido en las pasadas elecciones, las maniobras de funcionarios antes y después de los resultados de las votaciones del 5 de julio con la proliferación jugosas pensiones en desmedro de los trabajadores cañeros.

 

En determinados cargos públicos no pueden ser designados personas con tan solo evaluar su currículo. Los responsables de nombrar o reclutar personal, deben de preparar un test o prueba, para identificar si el candidato contiene vicios o problemas psicosocial, tales como: la ludopatía, la cleptomanía, la pedofilia, la mitomanía, el alcoholismo, el uso de sustancias controladas, etc. Se debe tener cuidado al designar a una persona con esas debilidades y poner a su disposición para que administre recursos económicos, financieros y humanos.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense